
– Si tienes un poco de sentido común, niña, debes seguir mi consejo y olvidar el asunto. Lo hecho, hecho está. Tu hermana, que en paz descanse, ya no está con nosotros. Ya no hay nada que puedas hacer por ella. Tú tienes vida propia y debes prestarle atención. -Bess sonrió, mostrando así todos los dientes que le faltaban-. He escuchado por ahí que hay cuestiones mucho más importantes que tienes que considerar en estos días.
Sophy miró con agudeza a la mujer mayor, mientras trataba infructuosamente de acomodar su sombrero que tenía medio caído.
– Como siempre, te las ingenias para estar al día con los chismes del pueblo. ¿Ya te has enterado de que he recibido una propuesta formal de matrimonio del mismo demonio?
– Los que llaman a lord Ravenwood demonio son los que se dedican a los chismes. Yo sólo me ocupo de los hechos. ¿Es cierto?
– ¿Qué? ¿Que el conde de Ravenwood es pariente cercano de Lucifer? Sí, Bess, estoy casi segura de que es cierto. Nunca he conocido a un hombre más arrogante que Su señoría. Ese orgullo tan arraigado pertenece indudablemente al mismo diablo.
Bess meneó la cabeza con impaciencia.
– Quería preguntar si de verdad él te propuso matrimonio.
– Sí.
– ¿Y bien? ¿Cuándo le contestarás, si se puede saber?
Sophy se encogió de hombros, abandonando sus esfuerzos por acomodarse el sombrero.
– El abuelo le iba a contestar esta tarde. El conde mandó a decir que vendría esta tarde a las tres por su respuesta. Bess se detuvo abruptamente en el sendero de piedras. Sus rizos grises bailotearon desordenadamente por debajo de su gorra de muselina amarilla. Su rostro envejecido se arrugó aun más ante la confusión.
– ¿Esta tarde? ¿Y tú estás aquí escogiendo hierbas de mi jardín como si fuera un día de semana común y corriente? ¿Qué tontería es esta, muchacha? En este momento deberías estar en Chesley Court, vestida con tus mejores galas.
