
Saludó a Bess con la mano mientras el caballo se dirigía a un monte cercano. No tenía necesidad de guiar al zaino para que hallara el camino de regreso a Chesley Court. Durante los últimos años había recorrido ese trayecto tan a menudo que conocía el itinerario de memoria.
Sophy dejó las riendas sueltas alrededor del caballo mientras se ponía a pensar en la escena que sin duda la esperaría al llegar a Chesley Court.
Seguramente sus abuelos estarían destrozados. Esa mañana lady Dorring se había llevado a la cama una amplia variedad de tónicos y sales fortalecedoras, que había acomodado al alcance de su mano. Lord Dorring, quien había tenido la dura tarea de enfrentar a Ravenwood solo, sin duda estaría buscando consuelo en una botella de clarete en esos momentos. El personal de la pequeña residencia estaría silencioso. Ellos, al igual que todo el mundo, habrían preferido un buen esposo para Sophy, por una cuestión de intereses. Sin un adecuado arreglo conyugal por el que se llenaran las decadentes arcas de la familia, había muy pocas perspectivas de que los sirvientes viejos recibieran una pensión respetable.
Era de esperar que nadie comprendiera la negativa de Sophy ante la propuesta de Ravenwood. Rumores, chismes y oscuras historias aparte, el hombre era, después de todo, un conde… muy rico y poderoso por cierto. Era propietario de la mayoría de las vecindades allí en Hampshire, así como también de otras tierras en condados vecinos. Además, poseía una elegante casa en Londres.
Por lo que los habitantes del lugar sabían, Ravenwood administraba correctamente sus heredades y era justo tanto con sus terratenientes como con sus sirvientes. Eso era todo lo que realmente importaba en el condado. Todos los que dependían del conde gozaban de una vida muy cómoda, siempre que se cuidaran de no interponerse en su camino.
Todos coincidían en que Ravenwood tenía sus defectos, pero también admitían que cuidaba afanosamente de sus tierras y de la gente que trabajaba para él. Pudo haber asesinado a su esposa, pero se había abstenido de hacer cosas realmente infames, como, por ejemplo, despilfarrar toda su herencia en juegos de azar en Londres.
