El cuidador retrocedió al ver que el animal echaba la cabeza hacia atrás y bailoteaba durante breves segundos. Los poderosos músculos del caballo se tensionaron bajo el lustroso pelaje cuando Julián estableció su autoridad con mano firme.

Cuando dio la señal, el caballo echó a correr, ansioso. Julián decidió que no le resultaría para nada difícil interceptar a la señorita Sophy Dorring en su camino de regreso a Chesley Court.

Conocía sus tierras como la palma de su mano, de modo que tenía bastante idea del sitio preciso donde la localizaría: un atajo que sin duda ella escogería para volver a su hogar, el cual rodeaba la laguna.

– Es muy probable que algún día se mate con ese caballo -dijo el criado al cuidador del caballo, que era su primo.

El cuidador escupió sobre el empedrado del patio.

– Su señoría no abandonará esta vida montado a caballo. Monta como un demonio. ¿Cuánto tiempo va a quedarse aquí esta vez?

– En la cocina dicen que ha venido a buscarse otra esposa. Parece que le ha echado el ojo a la nieta de lord Dorring. Esta vez Su señoría quiere una chica de campo, tranquila, que no le cause ningún problema.

– No se le puede culpar por eso. Yo me sentiría de la misma manera si me viera ligado con esa bruja que él eligió la última vez.

– Maggie comentaba en la cocina que fue su primera esposa la que lo convirtió en un demonio.

– Maggie tiene razón. Pero de todos modos, me da pena la señorita Dorring. Es una muchacha decente. ¿Recuerdas esa vez que vino sin que nadie la llamase, con unas hierbas para que mamá se recuperara de esa terrible tos que pescó en invierno? Mamá jura y perjura que la señorita Dorring le salvó la vida.



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