
– Es tu hijo y puedes ponerle el nombre que quieras -afirmó Thorne-, pero se supone que sólo vamos a hablar sobre la venta…
– ¿Lo dices por el abogado?
– Por la abogada -puntualizó-. Chuck Jansen nos envía a una de sus empleadas, Jamie Parsons. Es de aquí, por cierto.
– ¿Jamie, has dicho? -preguntó Randi.
Slade notó que su hermana entrecerraba los ojos como si estuviera atando cabos y sacando conclusiones. Pero ella apartó la mirada.
– Sí, vivía con su abuela en las afueras del pueblo.
– Ah, sí, Nita Parsons… me acuerdo de ella. Mamá se empeñó en que me diera lecciones de piano durante una temporada, y era una mujer muy rígida.
Ninguno de los hermanos hizo el menor comentario. No les gustaba recordar que la madre de Randi había sido responsable indirecta de que sus padres se divorciaran. John Randall se enamoró de Penelope Henley, mucho más joven, y se casó con ella después de divorciarse de la madre de Thorne, Matt y Slade. Randi nació seis meses más tarde. A Slade nunca le había gustado su madrastra, pero con el paso del tiempo, dejó de culpar a Randi de lo sucedido.
– Ahora que lo pienso… ¿no estuviste saliendo con Jamie?
– Sí, salimos unas cuantas veces -contestó Slade-. No fue nada importante.
Slade se metió las manos en los bolsillos, esperando que Randi cambiara de conversación. Pero insistió.
– Fue más que unas cuantas veces. Y estaba muy enamorada de ti.
– ¿En serio? -intervino Matt, con una sonrisa pícara-. No puedo creer que una mujer sea tan idiota…
– ¿Verdad? -se burló Randi.
– Qué gracioso -contraatacó Slade-. Pero me extraña que te acuerdes de tanto…
Randi lo miró con ira.
– Recuerdo fragmentos, nada más, Slade. Te lo he dicho mil veces. Aunque mi memoria mejora con los días -se explicó.
