
– ¿No vas a abrir? -preguntó Matt.
Slade frunció el ceño y caminó hacia la entrada.
Juanita, el ama de llaves, estaba fregando y cantando en la cocina. Nicole, la esposa de Thorne, jugaba al ajedrez con sus hijas gemelas, de cuatro años; pero cuando oyeron el timbre de la puerta, las pequeñas salieron corriendo.
– ¡Abro yo!
– ¡No, yo!
Molly y Mindy aparecieron a toda prisa en el vestíbulo de la casa y forcejearon con el pomo de la puerta hasta que consiguieron abrirla.
Allí, en el porche, con aspecto profesional y gesto de sorpresa ante la presencia de las niñas, se encontraba Jamie Parsons, la abogada.
Capítulo 2
– ¿Quién eres? -preguntó Molly, clavando sus ojos marrones en la mujer.
– Soy Jamie. ¿Y quién eres tú?
Jamie miró rápidamente a Slade y se agachó para estar a la altura de la niña. El abrigo se le mojó con la nieve de la entrada, pero no le importó.
– Soy Molly…
– ¿Y tú? ¿Quién eres? -preguntó a su hermana gemela-. ¿Cómo te llamas?
Mindy se escondió tras las piernas de su tío y se abrazó a una de sus rodillas.
– Ella es Mindy. Es tímida -explicó Molly.
– No es verdad -protestó su hermanita.
Slade sonrió para sus adentros al notar la incomodidad de Jamie, que no esperaba verse en aquella situación. Justo entonces, oyeron pasos que se acercaban. Era Nicole. Alta, esbelta, de cabello rubio y ojos de color ámbar, la madre de las dos niñas era médico en el Hospital Saint James y el motivo de la felicidad de Thorne.
– Encantada de conocerte. Soy Nicole McCafferty; estas diablesas son mis hijas.
Las dos mujeres se estrecharon la mano.
– Es un placer…
– Ya conoces a Slade, ¿verdad?
– Sí, sí… nos conocimos hace tiempo -contestó Jamie, incómoda-. Por cierto, tienes unas hijas preciosas.
– ¿Molly y Mindy? Son mis sobrinas, no mis hijas -dijo él.
