Nicole rió y dijo:

– Slade es mi cuñado. Yo estoy casada con Thorne.

Jamie se ruborizó.

– Siento la equivocación -se disculpó-. En los documentos que he visto no había ninguna mención al estado civil de los McCafferty…

Nicole volvió a reír y la invitó a entrar.

– Pasa, por favor, o te vas a quedar helada. Deja que cuelgue tu abrigo… Slade, si te queda alguna caballerosidad en ese cuerpo, lo cual dudo, ¿por qué no acompañas a nuestra invitada al salón? -dijo.

– Me queda más de la que crees -se defendió Slade.

– Eso espero. Mientras tú la acompañas, iré a la cocina y le pediré a Juanita que nos lleve café.

Jamie se desabrochó los botones del abrigo.

– Déjamelo a mí-dijo Slade.

Cuando la ayudó a quitarse la prenda, le rozó la nuca sin querer. Tuvo la impresión de que Jamie se estremecía, pero supuso que se lo habría imaginado.

– ¿Vamos? -preguntó ella.

– Vamos -dijo él.

Slade la llevó por un pasillo que estaba lleno de fotografías de la familia. En una estaba Thorne, de niño, con indumentaria de fútbol; en otra aparecía Randi durante su primer baile del colegio; también había una de Matt, subido a lomos de un caballo, e incluso una de Slade, esquiando.

Poco después, entraron en el salón.

– Supongo que ya lo sabéis todos, pero me presentaré de todas formas -dijo ella-. Soy Jamie Parsons, la abogada de Jansen, Monteith y Stone.

Thorne se levantó de la silla con ciertas dificultades por culpa de su brazo en cabestrillo. Matt se acercó y le estrechó la mano.

Cuando terminaron de saludarse, Jamie sonrió y dijo:

– Muy bien, ¿qué os parece si empezamos?

Todos se sentaron alrededor de la mesa. Ella abrió el maletín y distribuyó copias de documentos legales.

– Por lo que tengo entendido, Matt quiere vender su propiedad del norte de Missoula a su vecino actual, Michael Kavanaugh, y comprar su parte del rancho a Slade y a Thorne… de modo que Randi y él serían los únicos propietarios.



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