– No te preocupes, me encargaré de todo -dijo Jamie-. Cuando llegue la hora de firmar, tendrá que hacerlo con vosotros y con el señor Kavanaugh, por supuesto. Os dejaré una copia del borrador para que podáis echarle un vistazo a fondo. Si todos estáis de acuerdo, imprimiré el documento definitivo y sólo faltará vuestro acuerdo.

– Me parece bien -dijo Matt.

– Veamos si lo he entendido bien. Tú te vas a quedar a vivir aquí, con tu esposa; Thorne y Nicole se están construyendo una casa en las cercanías y Randi volverá en algún momento a Seattle… -dijo Jamie-. Tengo todas vuestras direcciones, pero no la tuya, Slade. ¿Dónde vives ahora?

– Tengo una casa en Colorado, cerca de Boulder, pero aún no he decidido si me voy a quedar allí o la voy a vender -respondió-. De momento estoy viviendo en el Flying M. Si necesitas algo, me encontrarás aquí.

– Muy bien. ¿Queda algo más?

– Sí -dijo Thorne, mirando a su hermanastra-. Tenemos un pequeño problema y me gustaría que nos aconsejaras. Como tal vez sepas, Randi tuvo a su bebé hace dos meses; el padre no ha aparecido todavía, pero nos preguntábamos si podría reclamar la custodia en el caso de que…

– ¡Eh! -protestó Randi-. No quiero hablar de ese asunto. Ahora, no.

– Tenemos que hablar, Randi -insistió Thorne, muy serio-. El padre de J.R. se presentará más tarde o más temprano. Puedes estar segura. Y cuando hable de la custodia del niño y de sus derechos como padre, tenemos que saber a qué atenernos.

Randi se echó hacia delante, sobre la mesa.

– Eso es problema mío. Mío, ¿me oyes? No tuyo. Ni de Matt ni de Slade. Es mío y sólo mío -declaró, con ojos encendidos por la ira-. No te molestes conmigo, Jamie, pero no necesito tu ayuda. Mis hermanos están molestos porque no les he dicho quién es el padre… aunque de todas formas, no es asunto suyo.

– ¿Que no es asunto nuestro? -intervino Slade-. Alguien intenta matarte.

– Eso tampoco es cosa vuestra.



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