
– Pero los cometí porque era joven y estúpido -añadió.
– ¿Como yo ahora? ¿Eso es lo que intentas decir?
– No. Simplemente espero que aprendas de mis equivocaciones.
– ¿Equivocaciones? -preguntó-. ¿Te refieres a tus dos matrimonios? ¿O a tus dos divorcios?
– Puede que ambos.
Slade alzó la mirada y contempló las colinas del rancho. El viento había levantado una nube de polvo que se arremolinaba alrededor del viejo tractor.
– Y crees que debo casarme, claro.
– Sí, lo creo.
– No puedo creer que tú, precisamente tú, me digas eso. Si no recuerdo mal, tus matrimonios te dejaron sin blanca -le recordó.
John Randall suspiró.
– El dinero no me importaba, hijo; pero traicioné a una mujer buena y dejé a mis hijos en la estacada. Perdí vuestro respeto, y eso… bueno, es difícil de asumir -le confesó-. No me interpretes mal; volvería a actuar del mismo modo. Si no hubiera hecho lo que hice, no habría tenido a tu hermana.
– ¿Acaso estás diciendo que mereció la pena?
– Sí -contestó-. Espero que algún día puedas perdonarme; pero sobre todo, espero que encuentres a una mujer que te haga creer de nuevo en el amor.
– No cuentes con ello.
Slade se apartó de la barandilla y dejó el reloj en el regazo de su padre.
Capitulo 1
Siete meses después…
Todavía no podía creer que tuviera que reunirse con los hermanos McCafferty, precisamente con los malditos hermanos McCafferty.
Jamie Parsons frenó en seco y pegó un volantazo cuando llegó al vado de la pequeña granja que había sido el hogar de Nita, su abuela; su utilitario giró demasiado deprisa y las ruedas derraparon en las rodadas del camino, cubierto de nieve. La casa, que necesitaba una capa de pintura y un arreglo urgentemente, tenía un aspecto tan pintoresco por la nevada que parecía sacada de un cuento.
Alcanzó el maletín y la bolsa de viaje, salió del coche y se abrió paso hasta la puerta trasera por la capa de siete centímetros de nieve en polvo. La llave estaba en el alféizar de la ventana, donde su abuela siempre la había dejado.
