
– Pero eso no es justo. No está jugando limpio.
– Yo siempre juego para ganar. ¿Cuál es tu decisión?
Capítulo Dos
Mientras Duncan esperaba la respuesta, Annie tomó una silla y la colocó frente a la nevera. Luego se subió a ella para sacar un paquete de cereales con fibra del armario y de él sacó una bolsa llena de bolitas de color naranja.
– ¿Qué estás haciendo? -le preguntó él, pensando que el estrés le había hecho perder la cabeza.
– Sacando mi chocolate de emergencia. Vivo con tres mujeres y si cree que algo de chocolate duraría más de cinco minutos en esta casa, está muy equivocado -Annie se echó un puñado de bolitas en la mano y volvió a cerrar la bolsa.
– ¿Por qué son de color naranja?
Ella lo miró como si tuviera dos cabezas.
– Son M &M de Halloween. Los compré a primeros de noviembre, cuando estaban a mitad de precio -contestó metiéndose una bolita en la boca.
Muy bien, aquello era muy extraño, pensó Duncan.
– Antes estabas tomando una copa de vino. ¿Ya no la quieres?
– ¿En lugar del chocolate? No.
Llevaba un jersey ancho de color azul, a juego con sus ojos, y una falda que le llegaba por la rodilla. Iba descalza y… tenía unas margaritas diminutas pintadas en cada uña. Aparte de eso, Annie McCoy no llevaba ni gota de maquillaje, ni joyas, sólo un reloj barato en la muñeca. Tenía el pelo rizado, de un bonito tono dorado, que caía sobre sus hombros. No parecía una mujer muy preocupada por su aspecto.
Y le parecía muy bien. El exterior se podía arreglar, lo que a él le preocupaba era el carácter. Por lo que había visto, era una persona compasiva y generosa. En otras palabras, una ingenua. Mejor para él. En aquel momento necesitaba una persona así para que los del consejo de administración lo dejasen en paz hasta que pudiese retomar el control.
– No has respondido a mi pregunta.
