Capítulo 1

4 DE JUNIO, ATENAS


Tanek no estaba de buen humor. Conner lo adivinó nada más verlo salir a zancadas del recinto de la aduana. El sem-blante de Nicholas Tanek era impasible, pero Conner lo conocía lo suficiente para poder leer en sus movimientos. Su fuerza y su presencia nunca pasaban desapercibidas, pero su impaciencia jamás era evidente.

«Vale más que sea una diana», le había dicho Nicholas Tanek.

No podía asegurar que lo fuera, pero era todo lo que Conner tenía.

Se le acercó, procurando mostrarse relajado, y forzó una sonrisa:

– ¿Has tenido un vuelo agradable?

– No. -Tanek se dirigió hacia la salida-. ¿Está Reardon en el coche?

– Sí. Llegó de Dublín ayer por la noche. -Hizo una pau-sa-. Pero no puede ir a la fiesta contigo. Sólo he podido ha-cerme con una invitación.

– Te dije dos invitaciones.

– No lo entiendes.

– Lo que entiendo es que si resulta ser realmente un atentado, estaré al descubierto. Y también entiendo que te pago para que hagas lo que te digo.

– La fiesta es en honor de Antón Kavinski, y las invi-taciones fueron enviadas hace tres meses. ¡Es el presidente de un estado ruso, por el amor de Dios! Me ha costado una fortuna conseguir siquiera una sola -y rápidamente aña-dió-: Y quizá no necesites a Reardon. Ya te dije que la in-formación puede no ser del todo exacta. Nuestro hombre sólo encontró un mensaje del ordenador del cuartel general de la DEA* que decía que era posible que se produjera el atentado en la fiesta que se va a celebrar en la isla de Medas.

– ¿Eso es todo?

– Y la lista de nombres.

– ¿Qué tipo de lista?

– Los nombres de seis invitados. Ninguno al que poda-mos relacionar con las drogas, excepto uno de los guardaes-paldas de Kavinski y Martin Brenden, el hombre que organiza la fiesta. Uno de los nombres está marcado con un círculo. Una mujer.

– ¿Qué te hace pensar que es una lista de posibles víctimas?



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