– Entonces, apuesto por la interpretación de Kabler: so-borno. Ha sido el jefe de la DEA durante el tiempo sufi-ciente para saber distinguir el grano de la paja. Es un astuto bastardo.

– ¿Significa eso que no irás a Medas?

Nicholas se quedó pensativo por unos instantes. Proba-blemente, si el mensaje de Gardeaux era sólo una lista de sobornables, todo el asunto no fuera más que una pérdida de tiempo. Y Tanek ya había participado en demasiadas cacerías con la esperanza de encontrar una clave para capturar a Gardeaux.

Pero si en realidad era una lista de objetivos, alguna de las posibles víctimas podía tener información de mucha uti-lidad. Y si Gardeaux los quería muertos, entonces, él, desde luego, los querría bien vivos.

– ¿Y bien? -le apremió Jamie.

– ¿Cómo puedo llegar hasta allí?

– Habrá varias lanchas a disposición de los invitados en uno de los muelles de Atenas. Zarparán a partir de las ocho de la noche, y harán varios viajes. Sólo tienes que mostrar la invitación.

– Me gustaría saber cuántos hombres de Gardeaux lleva-rán invitaciones como la mía.

– He investigado a los invitados -dijo Conner-. Y todos están limpios.

«Sí, quizá sí.»

– ¿Hay alguna otra manera de acceder a la isla?

Conner negó con la cabeza.

– Tiene una costa muy escarpada, y sólo es accesible por un único muelle. La isla de Medas es exactamente del mismo tamaño que en las postales. Uno puede recorrerla en menos de una hora. Aparte de la mansión donde se va a celebrar la fiesta, tan sólo hay unas pocas dependencias anexas.

– Y los hombres de Kavinski estarán vigilando el muelle -dijo Jaime-. No parece ser la situación que Gardeaux ele-giría para librarse de sus enemigos. -Sonrió-. Pero Kaifer también parecía un objetivo imposible, y lo conseguimos.



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