El «Philadelphia Trust and Fidelity» poseía una importante sección internacional. A la hora del almuerzo, Tracy y sus compañeros solían comentar las actividades de cada mañana.

Deborah, la jefa de contadores, anunciaba por ejemplo: Acabamos de concretar el préstamo conjunto de cien millones de dólares para Turquía.

Mae Trenton, secretaria del vicepresidente del Banco, también tenía novedades:

– En la reunión de directorio de hoy se decidió participar en el nuevo empréstito para el Perú. La comisión para el intermediario es de más de cinco millones de dólares.

Y John Creighton, el malhumorado del grupo, agregaba:

– Tengo entendido que vamos a aprobar el paquete de cincuenta millones de ayuda para México. Yo creo que no se merecen ni un centavo.

– Es interesante -observó Tracy-. Los países que más nos atacan por nuestra política monetaria, son los primeros en pedirnos créditos.

Justamente por ese tema, Charles y ella habían tenido su primera discusión.


Tracy había conocido a Charles Stanhope III en un simposio sobre temas de finanzas al que Charles había asistido como orador invitado. Charles dirigía una financiera, fundada por su bisabuelo, que realizaba frecuentemente operaciones con el Banco donde trabajaba Tracy. Luego de la disertación, Tracy manifestó su desacuerdo con el análisis que había realizado él sobre la capacidad de los países del Tercer Mundo para pagar las cuantiosas sumas de dinero que pedían prestadas a Bancos comerciales del mundo entero. Al principio, a Charles le hicieron gracia; luego quedó intrigado por los apasionados argumentos de la bella joven que tenía ante sus ojos. El intercambio de ideas prosiguió durante la cena que compartieron en un restaurante.



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