
– No está mal.
– Creo que me parezco un poco a Flaemmchen, el personaje de Joan Crawford. Me encantan los grandes hoteles como el de la película o como el Adlon. «La gente viene. La gente se va. Nunca pasa nada.» Pero las cosas no son así, ¿verdad? Me parece que en sitios como éste pasan muchas cosas, muchas más que en la vida de casi toda la gente normal. Me gusta el ambiente de este hotel en particular por el encanto que tiene, por el tacto de las sábanas y los enormes cuartos de baño. No se imagina lo mucho que me gustan los cuartos de baño de este hotel.
– ¿No es un poco peligroso? A las chicas alegres les pueden suceder cosas muy malas. En Berlín hay muchos hombres que se divierten infligiendo un poco de dolor: Hitler, Goering o Hess, por no decir más que tres.
– Ése es otro motivo para venir a un hotel como éste. Casi todos los Fritzes que se alojan aquí saben comportarse y tratan bien a las chicas, con educación. Por otra parte, si algo se torciese, no tendría más que gritar y enseguida aparecería alguien como usted. Por cierto, ¿qué es usted? Con esas zarpas, no creo que trabaje en recepción. Tampoco es el poli de la casa; no el que he visto otras veces, desde luego.
– Parece que lo tiene todo calculado -dije, sin responder a sus preguntas.
– En esta profesión, vale la pena llevar bien la cuenta.
– ¿Y se le da bien la taquimecanografía?
– Nunca he recibido quejas. Tengo los certificados de mecanografía y taquigrafía de la Escuela de Secretariado de Kürfurstendamm. Antes, me saqué el Abitur.
Llegamos al vestíbulo y el nuevo recepcionista nos miró con recelo. Me llevé a la chica un piso más abajo, al sótano.
– Creía que iba a echarme -dijo, al tiempo que volvía la cabeza hacia la puerta principal.
No contesté. Estaba pensando. Pensaba en que esa chica podía sustituir a Ilse Szrajbman. Tenía buena presencia, vestía bien, era guapa, inteligente y, según ella, buena taquimecanógrafa, además. Eso sería fácil de demostrar. Sólo tenía que sentarla ante una máquina de escribir. Al fin y al cabo, me dije, con las mismas, podría haber ido al Europa Haus, conocerla y ofrecerle el puesto sin haberme enterado de la especialidad que había elegido para sacarse un sobresueldo.
