
A través de la sala, un hombre y una mujer comenzaron a preparar el equipo sobre la plataforma vacía. A medida que la música cambiaba a Nine Inch Nails, la multitud se dividió: algunos al otro escenario, algunos a la pista de baile. Quedándose solo, el hombre que había hecho la flagelación limpió el puesto y colocó su arma dentro de una bolsa de cuero. Sopesando la bolsa por encima del hombro, bajó los escalones del escenario y fue detenido por un pequeño grupo… Rona resopló… ¿de admiradoras? ¿Los BDSMs tenían admiradoras?
Sacudiendo la cabeza con desconcierto, se dio la vuelta para buscar una camarera. Tal vez debería añadir "Probar a un caliente Dom" a su lista. Ella sonrió. Su ex siempre se había burlado de sus planes de cinco-años para lograr sus metas, como si la desorganización fuera mejor. Habría tenido insuficiencia cardíaca si hubiera visto su lista de fantasías.
Ninguna camarera a la vista. Volvió su atención hacia el escenario y suspiró por la decepción. Vacío, al igual que muchas de las sillas a su alrededor. La mayoría de las personas se habían trasladado al otro lado.
Un golpe le llamó la atención en la mesa junto a la de ella, y jadeó como una idiota. El hombre del escenario estaba parado allí con la bolsa de cuero a sus pies. Sobre la mesa había una levita negra y gemelos pasados de moda que él debería haberse quitado antes de iniciar su demostración.
Lo observó mientras se bajaba las mangas de su camisa. Sus ojos oscuros parecían casi negros, y su cara muy bronceada era delgada y dura. Con líneas de dolor y risa alrededor de su boca y ojos, y el plateado brillando en su cabello negro bien recortado, debería estar alrededor de los cuarenta. Y cuando se movió los músculos ondularon y estiraron los hombros de su camisa blanca.
No era grande, pero sí mayor que ella. Sin embargo, ella ni siquiera consideró coquetear. No con este. Era demasiado… demasiado intimidante. No como un joven entusiasta modelo de ropa interior, todo magnífico y espléndido, sino de una manera mucho-más-peligrosa.
