– Oh, señor Moreno. No puedo darle las gracias lo suficiente por estar hoy con nosotros. Es muy emocionante.

Raúl sonrió.

– Siempre me alegra charlar con los niños -miró a toda la clase-. Buenos días.

Unos cuantos alumnos lo saludaron mientras que otros parecían demasiado impactados y emocionados como para hablar. Por lo menos los chicos. La mayoría de las niñas no parecían en absoluto impresionadas.

– Cuarto curso, ¿verdad?

Una niña con gafas sentada en la fila de delante respondió:

– Somos el grupo avanzado, estamos por encima de nuestro nivel en lectura.

– ¡Oh, vaya! -exclamó él, dando un paso atrás de manera exagerada-. Así que sois los más listos. ¿Vais a hacerme alguna pregunta de Matemáticas?

La boca de la niña se curvó en una sonrisa.

– ¿Te gustan las Matemáticas?

– Sí… claro -miró a toda la clase-. ¿A quién de aquí le gusta mucho el colegio de verdad?

Unos cuantos niños alzaron la mano.

– El colegio puede cambiaros la vida -dijo él apoyando una cadera en la mesa de la maestra-. Cuando crezcáis, vais a tener trabajo y así os ganaréis la vida. Hoy la mayoría de vuestras responsabilidades se centran en trabajar bien en el colegio. ¿Quién sabe por qué tenemos que aprender cosas como leer y Matemáticas?

Más manos se alzaron.

Su charla habitual giraba en tomo a sentirse motivado, a encontrar un mentor y a hacer de sus vidas una vida mejor, pero eso le parecía demasiado para niños de nueve años. Así que tendría que hablar de lo importante que era que les gustara el colegio y que lo hicieran lo mejor posible.

La señorita Miller se acercó.

– ¿Necesita algo? -le preguntó con un susurro-. ¿Le traigo algo?

– No, gracias, estoy bien.

Volvió a centrar su atención en los niños. La niña de la primera fila parecía más interesada en lo que sucedía al otro lado de la ventana. Resultaba extraño, pero le recordaba a Pia. Tal vez era por el pelo ondulado y castaño, o por su obvia falta de interés en él como persona. Pia tampoco se había inmutado; apenas se había fijado en él… aunque tampoco era de extrañar, dado el modo en que había comenzado la mañana para esa chica. Pero él sí que se había fijado en ella y le había parecido encantadora y divertida, incluso sin que lo hubiera intentado.



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