
Había oído los camiones de bomberos desde su despacho y había visto el humo oscureciendo el cielo. Solo había tardado un segundo en darse cuenta de dónde estaba el fuego y que tenía mala pinta. Ahora, mientras estaba en el patio de juegos, sintió cómo se quedaba sin respiración cuando uno de los muros tembló antes de caer.
Siempre había oído a la gente hablar sobre el fuego como si estuviera vivo. Una criatura viviente con determinación y una naturaleza maligna. Hasta ese momento, nunca lo había creído, pero al ver el modo en que el fuego sistemáticamente destruía la escuela, pensó que podría haber algo de verdad en esa teoría.
– Esto está muy mal -susurró.
– Peor que mal.
Pia vio a la alcaldesa Marsha Tilson a su lado. La mujer, que ya pasaba de los sesenta, tenía una mano posada en el pecho y los ojos abiertos como platos.
– He hablado con la jefa de bomberos. Me ha asegurado que han revisado todas las clases y salas del edificio. No queda nadie dentro, pero el edificio… -se le entrecortó la voz-. Este fue mi colegio.
Pia rodeó a la mujer con un brazo.
– Lo sé. Es horrible ver esto.
Marsha controló sus emociones visiblemente.
– Vamos a tener que encontrar un lugar al que llevar a los niños. No pueden perder días de clase por esto, pero los demás colegios están llenos. Podríamos traer clases portátiles, debe de haber alguien a quien pueda llamar -miró a su alrededor-. ¿Dónde está Charity? Ella puede saber algo.
Pia se giró y vio a su amiga junto a una multitud de histéricos padres.
– ¡Allí!
Marsha la vio y frunció el ceño.
– No inhalará humo, ¿verdad?
