
Su estómago estaba cada vez más agitado. ¿En qué había estado pensando Crystal y por qué? ¿Por qué ella? Eso era lo que no podía entender. ¡Cómo había podido su amiga tomar una decisión así sin ni siquiera mencionárselo!
Fool’s Gold era la clase de lugar donde todo el mundo conocía a todo el mundo y era difícil guardar secretos, pero al parecer, Crystal había logrado romper con las convenciones y guardarse una gran cantidad de información.
Pia llegó a su oficina. La primera planta del edificio albergaba varios negocios de ventas al por menor: una tienda de tarjetas, una tienda de regalos y pastelería donde vendían los mejores dulces y Libros Morgan. Su oficina estaba arriba.
Al llegar al segundo piso, vio a un hombre alto de pie junto a la puerta de su despacho.
– Hola -dijo ella-. Siento llegar tarde.
El hombre se giró.
Había una ventana detrás de él, así que no pudo verle la cara, pero sabía las citas que tenía por la mañana y el nombre del hombre al que tenía que ver. Raúl Moreno era alto y tenía unos hombros enormes. A pesar del inusual frío día de septiembre, no se había molestado en ponerse una chaqueta. Por el contrario, llevaba únicamente una camiseta con el cuello en V y unos vaqueros oscuros.
«Menudo hombre», pensó sin darse cuenta. Y tenía sentido. Raúl Moreno era un exjugador de fútbol americano, había jugado con los Cowboys de Dallas. Después de diez años, se había retirado cuando estaba en lo más alto y había desaparecido de la vida pública. El año anterior, había aparecido en Fool’s Gold para participar en un torneo de golf benéfico. Por razones que no lograba entender, él se había quedado allí.
Según se acercaba, pudo ver esos grandes ojos oscuros y ese hermoso rostro. Tenía una cicatriz en la mejilla, probablemente por haber protegido a una anciana durante un asalto callejero. Tenía reputación de ser un tipo simpático y ella tenía la regla de no confiar jamás en la gente simpática.
