
Eleanor chasqueó la lengua.
– Pues claro que debes quedarte en Londres más de unos cuantos días, Claudia. Eso es lo que te ha estado pidiendo lady Whitleaf y a lo que yo te he alentado todo este tiempo. Soy muy capaz de dirigir la escuela durante unas semanas y de pronunciar un discurso convenientemente conmovedor en tu nombre en la reunión general de la fiesta de fin de año. Y si deseas quedarte más de unas cuantas semanas, debes hacerlo sin sentir el menor escrúpulo. Tanto Lila como yo nos quedaremos aquí en verano para cuidar de las chicas de régimen gratuito, y Christine ha renovado su invitación a que las lleve a pasar unas semanas en Lindsey Hall mientras ella y Wulfric visitan otras de sus propiedades. Eso me daría la oportunidad de pasar algún tiempo con mi madre.
Christine y Wulfric eran los duques de Bewcastle; Lindsey Hall era la sede principal del duque en Hampshire. La invitación había asombrado a Claudia cuando llegó, y no pudo dejar de pensar si la duquesa habría consultado a su marido antes de hacerla. Pero claro, las niñas de régimen gratuito ya se habían alojado en Lindsey Hall una vez, hacía un año en realidad, con motivo de la boda de Susanna, y el duque estaba residiendo ahí por entonces.
– Debes quedarte -insistió Eleanor-. En realidad, debes prometerme que te quedarás por lo menos un par de semanas. Si no, me sentiré ofendida. Creeré que no te fías de mí para que ocupe tu puesto aquí.
– Pues claro que me fío de ti -dijo Claudia, sintiéndose vacilar. Aunque, ¿qué argumento podría dar para no quedarse?-. Sería agradable; he de reconocer…
– Claro que lo sería -dijo Eleanor enérgicamente-. Por supuesto que lo «será». Convenido, entonces. Ahora debo ir a la sala de estudio. Tomando en cuenta cómo ha transcurrido este día, hay muchas posibilidades de que algunos pupitres acaben hechos astillas para el fuego o que comience algún tipo de batalla campal si no llego ahí pronto.
