– Por supuesto -dijo Claudia-. Ya he alquilado uno.

– Me encargaré de desalquilárselo, si me lo permite, señora. Pienso volver a la ciudad el mismo día y será un placer para mí ofrecerle la comodidad de mi coche y mi protección durante el viaje.

¡Vamos, no lo permita Dios!

– Eso será absolutamente innecesario, señor -dijo con firmeza-. Ya lo tengo todo organizado.

– Los coches de alquiler son famosos por su falta de ballestas y de todas las demás comodidades. Le suplico que lo reconsidere.

– Tal vez no lo entiende del todo, señor. En el viaje me acompañarán dos alumnas.

– Sí, de eso me informó lady Whitleaf. ¿Son muy cotorras? ¿O, peor aún, no paran de reírse? Las damas muy jóvenes tienen una atroz tendencia a hacer ambas cosas.

– A mis niñas se les ha enseñado a comportarse correctamente en compañía, lord Attingsborough -repuso ella, fríamente, y sólo entonces vio el guiño en sus ojos y comprendió que había sido una broma.

– No lo dudo, señora, y tengo la seguridad de que puedo fiarme de su palabra. Permítame, por favor, que las acompañe a las tres hasta la puerta de lady Whitleaf. Ella se impresionará muchísimo por mi galantería y seguro que hará correr la voz entre mis familiares y amigos.

Bueno, estaba diciendo puras tonterías. Pero ¿cómo podía rechazar decentemente el ofrecimiento? Desesperada buscó en su cabeza algún argumento irrefutable que lo disuadiera, pero no se le ocurrió ninguno que no fuera descortés o francamente grosero. Pero preferiría viajar mil millas en un coche sin ballestas antes que ir a Londres en compañía de él. ¿Por qué?

¿Acaso la intimidaba su título y magnificencia? La sola idea la erizó.

¿Su… virilidad, entonces? Se sentía desagradablemente consciente de que él poseía eso a mantas.

Pero qué ridículo sería. Era sencillamente un caballero que se mostraba cortés con una solterona vieja, que daba la casualidad era amiga de la esposa del primo de su casi prima. Buen Dios, sí que era tenue el parentesco. Pero tenía una carta de Susanna en la mano. Era evidente que ella se fiaba de él.



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