– ¡Joder! Ese era el único termo que tenía, chaval -Benny parecía a punto de arrojarse de cabeza a la cuneta cubierta de maleza para recuperar los fragmentos del termo. Pero, dándose la vuelta, se dirigió bamboleándose a la parte de atrás del furgón-. Vamos a callar a este cabrón.

Los golpes continuaban, cada vez más fuertes, haciendo zarandearse el furgón.

– ¿Tú crees que estás en condiciones? -preguntó Del. Se sentía tan furioso y traicionado como para permitirse un pequeño sarcasmo.

– Que sí, joder. Yo ya callaba a cabrones como éste cuando tú todavía chupabas de la teta de tu madre -Benny echó mano al revólver reglamentario y luchó con el cierre de la funda antes de sacar la pistola.

Del se preguntó cuánto alcohol tenía Benny Zeek en el cuerpo. ¿Sería capaz de apuntar con el arma? ¿Estaba ésta cargada? Hasta ese día, Brice y Webber se habían encargado de trasladar a los criminales más peligrosos haciendo el viaje hasta Glades y Charlotte, mientras que a Benny y a él les asignaban únicamente a ladrones de poca monta y a delincuentes de guante blanco a los que debían escoltar en sentido contrario, a los juzgados del condado en Miami. Del abrió el cierre de su pistolera. Le temblaba la mano; la culata del arma tenía un tacto extraño y repulsivo.

Los ruidos cesaron en cuanto Del comenzó a abrir los cerrojos del pesado portón trasero. Miró a Benny, que permanecía de pie a su lado, con el revólver en alto. Del advirtió enseguida el leve temblor de la mano de su compañero y sintió que se le revolvía el estómago. Tenía la espalda empapada; la frente le chorreaba. Bajo los sobacos, unas manchas húmedas se extendían por su antaño tieso uniforme. El corazón lo golpeaba contra las costillas y ahora, en medio de aquel silencio, se preguntaba si Benny podía oírlo.

Respiró hondo y apretó con fuerza el asa del cierre. Luego abrió de golpe la puerta, se hizo a un lado y dejó que Benny escudriñara el negro interior del furgón. Benny, de pie, con las piernas separadas y los brazos extendidos ante sí, sujetando con ambas manos la pistola, ladeó la cabeza, listo para apuntar.



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