– Tienes razón en eso de que las niñas me echarán de menos y de que me pongo llorosa cuando no estoy con Thomas. La idea del viaje es buena. Ven a vernos. Sabes que nos encantaría tenerte con nosotros.

– Me gustaría -dijo Molly lentamente. Y tanto que le gustaría. Su hermana y su cuñado la colmarían de atenciones y las niñas la ayudarían a olvidar. La familia era un consuelo, pero…-. Aunque necesito cambiar de aires de forma drástica. Todavía no he decidido a dónde iré, pero te llamaré cuando llegue al sitio en cuestión.

– No sé si debería persuadirte para que vengas a verme o dejar que hagas lo que quieras.

– Ya me dabas bastantes órdenes cuando éramos pequeñas, así que creo que deberías darme un descanso.

Janet suspiró otra vez.

– Está bien. Confío en que sabes lo que haces. Sólo que me siento frustrada. Me gustaría poder hacer algo.

– Dímelo a mí -Molly se colocó un mechón suelto detrás de la oreja. Al bajar la mano se fijó en el anillo que llevaba en el dedo-. Janet, ¿te acuerdas de Dylan Black?

– Vaya forma de cambiar de tema -rió su hermana-. Claro que me acuerdo. Es el chico rebelde de mi pasado, moreno y peligroso, no me convenía en absoluto. Menos mal que apareció Thomas y me rescató. No había pensado en él en años, ¿por qué lo preguntas?

– Cuando hacía las maletas, encontré el anillo que me dio. El anillo de boda que compró para ti. Todavía lo tengo, y al verlo me he acordado de él.

– Déjame pensar. Fue a la reunión de antiguos alumnos del instituto hace cinco años. Tiene una empresa de diseño de motos en Riverside. Se llamaba Black algo, no recuerdo exactamente. Según se decía, había prosperado mucho.



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