– Yo también tengo un perro, tía Vicory -anunció Calia, sacando un perro de peluche azul de su mochila-. Se llama Ninshubur, como el del libro. Mira lo que dice: «Ninshubur quiere decir perro fiel en la lengua del país de la princesa».

«Vicory» era lo más aproximado a mi nombre que Calia había conseguido pronunciar cuando la conocí, hacía casi tres años. Desde entonces me quedé con ese nombre.

Calia no sabía leer todavía, pero se sabía el cuento de memoria. «Antes preferiría morir que perder la libertad», dijo cuando llegó el momento en que la princesa se arroja a unas cataratas para huir de una hechicera malvada. «Entonces, Ninshubur, el perro fiel, fue saltando de roca en roca, haciendo caso omiso del peligro.» El perro se metía en el río y arrastraba a la princesa hasta ponerla a salvo.

Calia hundió su perro de peluche azul en el libro y desde allí lo lanzó al suelo para demostrar cómo se arrojaba Ninshubur a las cataratas. Peppy, una golden retriever bien educada, permaneció sentada, aunque alerta, esperando la orden de recogerlo, pero su hijo Mitch se lanzó inmediatamente tras el peluche. Calia se puso a chillar corriendo detrás de él. Entonces los dos perros empezaron a ladrar. Para cuando logré rescatar a Ninshubur, todos estábamos al borde de las lágrimas.

– Odio a Mitch. Es un perro malo. Estoy muy enfadada por su comportamiento -anunció Calia.

Me alegró comprobar que eran las tres y media. A pesar de la prohibición de Agnes, planté a Calia delante del televisor mientras iba a darme una ducha y a cambiarme de ropa. Incluso en la era de la ropa informal, los clientes nuevos responden mejor ante la profesionalidad, así que me puse un traje de rayón azul verdoso y un suéter de punto de seda rosa.

Cuando volví a la sala de estar, Calia estaba tumbada con la cabeza sobre el lomo de Mitch, que tenía al Ninshubur azul entre las patas. Cuando llegó el momento de devolver a Mitch y a Peppy al señor Contreras, la niña se resistió amargamente.



11 из 519