
– Bueno -dijo mientras Barbara comenzaba a vaciar la primera de las bolsas sobre la encimera de la cocina-, no me lo ha dicho exactamente, pero imagino que es porque lo ha llamado la señora Thompson.
Barbara reconoció el nombre de la maestra de Hadiyyah. Volvió la cabeza para mirar a la niña y levantó una ceja a modo de pregunta.
– Verás, hubo una merienda -le informó Hadiyyah-. Bueno, en realidad no era una merienda, pero lo llamaron así porque si hubieran dicho lo que era de verdad, todo el mundo se habría sentido demasiado avergonzado y nadie habría ido. Y querían que fuera todo el mundo.
– ¿Por qué? ¿Qué era en realidad?
Hadiyyah se apartó y comenzó a vaciar las bolsas que había traído del Mini. Informó a Barbara de que fue más bien un acto que una merienda, o más una reunión en realidad que un acto. Verás, la señora Thompson pidió a una mujer que fuera a hablarles de sus cuerpos y todas las niñas de la clase y todas sus mamas asistieron y después podían hacer preguntas y después de eso había naranjada y galletas y tarta. Así que la señora Thompson lo llamó merienda aunque en realidad nadie merendó. Hadiyyah, al no tener una mamá que pudiera acompañarla, se había abstenido de ir a la reunión. De ahí que la señora Thompson llamara a su padre porque, como había dicho, la intención era que todo el mundo asistiera.
– Papá dijo que habría ido -comentó Hadiyyah-. Pero habría sido terrible. Además, de todas formas Meagan Dobson ya me ha contado de qué hablaron. Cosas de chicas. Bebés. Chicos. La regla. -Puso cara de asco-. Ya sabes.
– Vale. Lo capto. -Barbara podía entender cómo debió de reaccionar Azhar a la llamada de la maestra. No conocía a nadie más orgulloso que el profesor pakistaní que tenía por vecino-. Bueno, amiguita, si alguna vez necesitas a una chica que haga de sustituta de tu madre -le dijo a Hadiyyah-, me ofrezco encantada.
