– ¡Qué maravilla! -exclamó Hadiyyah. Por un momento, Barbara pensó que se refería a su ofrecimiento de actuar como madre sustituta, pero vio que su pequeña amiga sacaba un paquete de la bolsa de la compra: Chocotastic Pop Tarts-. ¿Son para desayunar? -preguntó Hadiyyah con un suspiro.

– La nutrición perfecta para la profesional que no descansa -le respondió Barbara-. Será nuestro pequeño secreto, ¿vale? Uno de tantos.

– ¿Y esto qué es? -Le preguntó de nuevo Hadiyyah como si no hubiera dicho nada-. Vaya, estupendo. ¡Barritas de helado de crema! Si fuera adulta, comería lo mismo que tú.

– Me gusta tocar todos los grupos de alimentos básicos -le explicó Barbara-. Chocolate, azúcares, grasas y tabaco. ¿Has encontrado los Players, por cierto?

– No debes fumar -le dijo Hadiyyah, que hurgó en una de las bolsas y sacó un cartón de cigarrillos-. Papá está intentando dejarlo. ¿Te lo había dicho? A mamá le encantará. Le pedía y pedía que lo dejara. «Hari, se te pondrán unos pulmones asquerosos si no lo dejas», le dice. Yo no fumo.

– Eso espero -dijo Barbara.

– Pero algunos chicos sí fuman. Se ponen en la esquina de la calle del colegio. Son chicos mayores. Y llevan la camisa por fuera de los pantalones, Barbara. Imagino que se creen que les queda muy guay, pero yo creo que están… -Frunció el ceño, pensativa-. Horrorosos -se decidió-. Absolutamente horrorosos.

– Los pavos reales y sus plumas -reconoció Barbara.

– ¿Eh?

– El macho de la especie, que quiere atraer a la hembra. Si no, ella no se fijaría en él. Es interesante, ¿verdad? Son los hombres los que deberían maquillarse.

– Papá estaría horroroso con los labios pintados, ¿verdad? -dijo Hadiyyah, riéndose.



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