Aquí, las tiendas tenían monigotes en los escaparates con forma de gatos grandísimos, el trasero gigantesco de un torso enfundado en unos vaqueros, botas enormes, el morro de un avión hacia abajo… Sólo vagamente tenían los monigotes algo que ver con los artículos que había dentro de las tiendas, ya que la mayoría estaban dedicadas a cualquier cosa negra y a muchas cosas de piel. Piel negra. Piel negra sintética. Visón negro sintético sobre piel negra sintética.

Barbara vio que Hadiyyah estaba asimilándolo todo con la expresión de una novata, el primer indicio de que la niña no había estado nunca en Camden High Street, a pesar de lo cerca que se encontraba de sus respectivas casas. Hadiyyah la seguía, con los ojos como platos, la boca abierta y el semblante embelesado. Barbara tenía que llevarla con la muchedumbre y apartarla de ella, con una mano en el hombro para asegurarse de que no se separaban en la aglomeración.

– Es estupendo, estupendo -musitó Hadiyyah, con las manos pegadas al pecho-. Oh, Barbara, esto es mucho mejor que una sorpresa.

– Me alegro de que te guste -dijo Barbara.

– ¿Vamos a entrar en las tiendas?

– Cuando me haya ocupado de tu educación.

La hizo entrar en la tienda de discos y la llevó a la sección de clásicos del rock and roll.

– Esto sí es música -le dijo Barbara-. A ver… ¿Por dónde te inicio? Bueno, en realidad no hay duda, ¿verdad? Porque al fin y al cabo, tenemos al Más Grande y luego están todos los demás. Así que… -Escudriñó la sección en busca de la H y luego por entre las H en busca de la única H que importaba. Examinó los recopilatorios, dándoles la vuelta para leer las canciones mientras a su lado Hadiyyah estudiaba las fotografías de Buddy Holly en las portadas de los CD.

– Tiene un aspecto un poco raro -comentó.

– Muérdete la lengua. Aquí. Éste servirá. Tiene Raining in my Heart, que te aseguro que hará que te desmayes, y Rave On, que hará que quieras ponerte a bailar sobre la encimera. Esto, amiguita, es rock and roll. La gente seguirá escuchando a Buddy Holly dentro de cien años, te lo aseguro. En cambio, Nobuki…



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