
Barbara vio que Hadiyyah estaba asimilándolo todo con la expresión de una novata, el primer indicio de que la niña no había estado nunca en Camden High Street, a pesar de lo cerca que se encontraba de sus respectivas casas. Hadiyyah la seguía, con los ojos como platos, la boca abierta y el semblante embelesado. Barbara tenía que llevarla con la muchedumbre y apartarla de ella, con una mano en el hombro para asegurarse de que no se separaban en la aglomeración.
– Es estupendo, estupendo -musitó Hadiyyah, con las manos pegadas al pecho-. Oh, Barbara, esto es mucho mejor que una sorpresa.
– Me alegro de que te guste -dijo Barbara.
– ¿Vamos a entrar en las tiendas?
– Cuando me haya ocupado de tu educación.
La hizo entrar en la tienda de discos y la llevó a la sección de clásicos del rock and roll.
– Esto sí es música -le dijo Barbara-. A ver… ¿Por dónde te inicio? Bueno, en realidad no hay duda, ¿verdad? Porque al fin y al cabo, tenemos al Más Grande y luego están todos los demás. Así que… -Escudriñó la sección en busca de la H y luego por entre las H en busca de la única H que importaba. Examinó los recopilatorios, dándoles la vuelta para leer las canciones mientras a su lado Hadiyyah estudiaba las fotografías de Buddy Holly en las portadas de los CD.
– Tiene un aspecto un poco raro -comentó.
– Muérdete la lengua. Aquí. Éste servirá. Tiene Raining in my Heart, que te aseguro que hará que te desmayes, y Rave On, que hará que quieras ponerte a bailar sobre la encimera. Esto, amiguita, es rock and roll. La gente seguirá escuchando a Buddy Holly dentro de cien años, te lo aseguro. En cambio, Nobuki…
