– Tenían trece, pero sí.

– Felicidades. Has hecho un buen trabajo.

– ¿Y eso cómo lo sabes?

– Porque han entrado en la universidad, han logrado llegar hasta su semestre final y ahora son lo suficientemente fuertes emocionalmente como para enfrentarse a ti.

– Deja que adivine. Eres una de esas personas que dicen que la lluvia es «sol líquido». Si hubiera hecho bien mi trabajo con mis hermanos, aún estarían en la universidad en lugar de aquí para participar en un estúpido reality show.

Él sacudió la cabeza.

– No sé qué he hecho mal. Lo único que quería era que terminaran el curso. Tres meses más. Solo tenían que seguir en la facultad tres meses más. Pero, ¿podían hacerlo? No. Hasta me enviaron un e-mail diciéndome dónde estaban, como si fuera a alegrarme por ellos.

Ella levantó las carpetas que tenía sobre la mesa.

– ¿Cómo se llaman?

– Sasha y Stephen -su expresión se animó levemente-. ¿Puedes hacer algo?

– No lo sé. Como te he dicho, estoy aquí en representación del pueblo. Los productores nos presentaron la idea del reality show. Créeme, Fool’s Gold no estaba buscando esta clase de publicidad. Queríamos negarnos, pero nos preocupaba que siguieran adelante y lo hicieran de todas formas. De este modo, estamos involucrados y esperamos poder tener algo de control en lo que suceda.

Lo miró y le sonrió.

– O por lo menos nos hacemos ilusiones con que tenemos el control.

– Confía en mí. No será tan bueno como os lo han pintado.

– Ya estoy dándome cuenta. Todos los posibles concursantes se han sometido a unos exámenes exhaustivos y se han comprobado los antecedentes penales de todos. Insistimos en eso.

– ¿Intentando evitar a los locos?

– Sí, y a los criminales. Los reality shows ejercen mucha presión sobre los concursantes.

– ¿Cómo conoció la televisión al pueblo si vosotros no acudisteis a ellos?



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