– Fue cuestión de pura mala suerte. Hace un año una estudiante de posgrado que estaba escribiendo su tesis sobre densidad de población descubrió que padecíamos una escasez crónica de hombres. Los cómos y los porqués se convirtieron en un capítulo de su proyecto. En un esfuerzo de despertar atención hacia su trabajo, vendió su tesis a distintas productoras y ahí nos conocieron.

Él frunció el ceño.

– Creo que recuerdo haber oído algo. ¿No llegaron autobuses cargados de tipos que venían de todas partes?

– Por desgracia, sí. La mayoría de los artículos hicieron que pareciéramos unas solteronas desesperadas, lo cual no es cierto en absoluto. Unas semanas después, Hollywood apareció en forma de reality show.

Hojeó el montón de solicitudes de los que habían logrado pasar a la selección final y cuando vio la fotografía de Sasha Andersson, se estremeció.

– ¿Gemelos idénticos?

– Sí, ¿por qué?

Ella sacó la solicitud de Sasha y se la entregó.

– Es adorable -la imagen mostraba una versión más joven y sonriente de Finn-. Si tiene una personalidad más llamativa que la de un zapato, seguro que estará en el programa. ¿A quién no le puede gustar? Además, si hay dos iguales… -soltó la carpeta-. Si tú fueras el productor, ¿no querrías tenerlos en tu programa?

Finn soltó el papel. La mujer, Dakota, tenía razón. Sus hermanos eran encantadores, divertidos y lo suficientemente jóvenes como para creerse inmortales. Irresistibles para alguien que quisiera subir las audiencias.

– No pienso dejar que arruinen sus vidas.

– Serán diez semanas de grabación y, después de eso, la facultad seguirá ahí -dijo ella con tono delicado y compasivo.

– ¿Y crees que querrán volver después de todo esto?

– No lo sé. ¿Se lo has preguntado?

– No -hasta la fecha solo les había dado órdenes y sermones, los cuales sus hermanos habían ignorado.

– ¿Te han dicho por qué querían participar en este programa?



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