Darcy resopló de manera poco elegante a modo de respuesta, pero, de repente, se sumió en un súbito silencio mientras lo invadían los recuerdos. La primera vez que se había fijado en él fue durante su torpe intento de acompañar a Elizabeth en una danza popular. Al principio, la ineptitud de Collins le había parecido simplemente cómica, pero la creciente humillación que había sufrido la dama por la falta de cortesía y habilidades de su pareja casi lo había impulsado a intervenir. Darcy había resistido la tentación y luego, cuando la agitación de Elizabeth se había calmado por fin, Collins volvió a sorprenderla, al igual que al resto del salón, ofreciéndole su mano para el siguiente baile. Lo que había seguido había sido divertido y doloroso al mismo tiempo. Al igual que los hilos de los que por fin se había deshecho. Como los recuerdos de los que todavía no había logrado desprenderse.

El carruaje alcanzó en pocos minutos la entrada de Rosings, propiedad de la familia De Bourgh y casa de su tía viuda, Catherine de Bourgh. A juzgar por la atención que su primo estaba dirigiendo a su corbata, su chaqueta y su chaleco, Darcy pudo comprobar que Fitzwilliam había comenzado a desplegar sus reservas de buen humor y galantería, preparándose para su llegada y posterior estancia. Lady Catherine solía causar pavor a Richard cuando eran niños, pero a medida que había madurado y descubierto los vericuetos que conducían a las sensibilidades femeninas, Richard había empleado esos conocimientos con ella. Hacía años que la transformaba en una persona dulce, tan dulce como podía ser una mujer con el carácter de su tía; pero Richard siempre insistía en que eso era una hazaña que requería una cuidadosa atención.

Cruzaron la entrada y atravesaron el parque.



15 из 490