
Años atrás hizo todo lo posible por esconder sus sentimientos, pero una parte de él se había resentido de forma irracional porque ella nunca lo hubiese adivinado. ¿Cómo podía ella no haber notado que todo él se iluminaba al verla? No había duda de que era un actor consumado y un mentiroso. Claro que ese año había estado demasiado preocupada planeando su Temporada. Y luego su boda…
Cassie se aclaró la garganta, y sobresaltado se dio cuenta de que la miraba fijamente y se preguntó cuánto tiempo había estado allí de pie con la boca abierta.
– Lady Westmore -Las palabras eran como un cuchillo en el estómago-. Por favor, perdone mi silencio. Es que me he quedado sorprendido al verla.
Algo que no pudo descifrar destelló en los ojos de Cassandra, seguido inmediatamente por lo que parecía una expresión de alivio. No era posible que hubiera creído que no la recordaría. Tuvo que reprimir una gemido. Malditos infiernos, si ella supiera con que fuerza había intentado olvidarla.
– Espero que no haya sido una sorpresa desagradable -dijo agarrando con fuerza su ridículo como si una banda de ladrones estuviera a punto de aparecer por la puerta.
– No, claro que no -contestó él, sin estar seguro de que fuera del todo cierto.
– Ha pasado mucho tiempo.
Diez años, dos meses y catorce días.
– Sí -La voz sonó áspera y ronca, como si no la hubiera usado en toda esa década.
Ella le recorrió el rostro con los ojos.
– ¿Cómo estás? Espero que… -Poco a poco dejó de hablar y él se dio cuenta del momento en que vio la cicatriz que le deformaba la mejilla izquierda. No había sido apuesto antes de quedar desfigurado, pero la marca había borrado cualquier vanidad que hubiera sido tan tonto de tener. Un recuerdo diario del pasado. Se le tensó la mandíbula ante la conmoción y compasión que estaban asomando a sus ojos. Maldición, no quería su compasión. Cualquier cosa menos eso.
