
La mujer asintió.
– Sí, le conozco -dijo con suavidad-. O al menos le conocí, hace mucho tiempo…
Su voz se fue apagando y se quedó muy quieta, justo cuando el corazón empezó a latirle con fuerza y muy rápido como si hubiera corrido a través de una década hasta llegar allí desde tan lejos. Y luego, lentamente, como si sintiera el peso de su mirada, empezó darse la vuelta hacia él. Y se encontró mirando unos ojos que creyó que no volvería a ver, unos hermosos ojos azules que le recordaban el mar y que le habían obsesionado durante los días y las noches de más años de los que podía recordar.
Cassie…
El nombre reverberó en su mente, luego se precipitó a sus labios, pero no pudo hablar. No podía hacer más que mirarla fijamente.
Ella palideció, luego las mejillas se le tiñeron de carmesí ante sus incrédulos ojos. Durante varios segundos el único sonido que oyó fue el frenético latido de su corazón. Y luego, aquella misma suave voz que todavía oía en sueños, rompió el silencio.
– Hola, Ethan.
Capítulo 2
Hola, Ethan.
Con esas dos simples palabras, los años desaparecieron y Ethan fue otra vez un jovenzuelo que trabajaba en las cuadras del padre de ella, aguardando ansioso el momento en que ella llegara para su paseo diario y le saludara con una sonrisa con hoyuelos que podría hacer desaparecer hasta las nubes más oscuras del cielo y esas dos palabra. Hola, Ethan.
Hola, Cassie. La respuesta casi salió de su garganta, y tuvo que apretar con fuerza la mandíbula para contenerla. Porque ella ya no era la Cassie que había crecido con él, la muchacha tímida y torpe que se había convertido en una hermosa joven, la mejor amiga con la que había compartido innumerables horas. Ella era ahora lady Westmore. Una condesa.
