
Un año más tarde se convenció de haberla encontrado. Era una chica fantástica, dispuesta a abandonar sus estudios de medicina por él. Fueron juntos a Sudamérica, por asuntos de la fundación, y visitaron a niños de países en desarrollo. Compartían tantas cosas que al cabo de seis meses de haberse conocido se prometieron. Todo iba bien hasta que Charlie se dio cuenta de que su prometida era inseparable de su hermana gemela y esperaba que la llevaran a todos lados con ellos. Charlie y la hermana gemela se cayeron fatal desde el principio, y cada vez que se veían mantenían acaloradas e interminables discusiones. Charlie estaba seguro de que jamás se llevarían bien, pero hasta extremos alarmantes. También renunció en aquella ocasión, y su futura esposa lo aceptó. Su hermana era demasiado importante para ella como para casarse con un hombre que realmente la detestaba. La chica se casó con otro al cabo de un año, y la hermana se instaló con la pareja, lo cual convenció aún más a Charlie de que había hecho bien.
El compromiso más duradero de Charlie había tocado a su fin hacía cinco años, y de una forma desastrosa. La chica quería a Charlie, pero ni siquiera tras consultar con expertos matrimoniales accedió a tener hijos. Aunque aseguraba que lo amaba, siguió en sus trece. Al principio Charlie pensaba que podría convencerla, pero como no lo consiguió, se separaron, como amigos. Charlie siempre acababa así, sin excepción. Había conseguido ser amigo de todas las mujeres con las que había salido. Cada Navidad le llegaba una avalancha de postales de mujeres a las que había amado en su momento, que habían decidido no casarse con él y lo habían hecho con otros hombres. A juzgar por las fotografías de ellas y sus familias, a primera vista todas parecían iguales: mujeres guapas, rubias, distinguidas, de familias aristocráticas, que habían ido a colegios como es debido y se habían casado con hombres como es debido. Le sonreían desde sus tarjetas navideñas, con sus prósperos maridos al lado y sus hijos rubiecitos a su alrededor. Seguía en contacto con muchas de ellas; todas querían a Charlie y lo recordaban con mucho cariño.
