
Ella estaba colocándose su melena de rizos cuando se dio cuenta de que la observaba. Niall tendría que haber girado rápidamente la cabeza mientras ella lo interrogaba con la mirada. Pero en lugar de eso, hizo lo que sabía que más le podría molestar. Levantó una ceja con aburrimiento, mostrando la más absoluta indiferencia, y se dio la vuelta para contemplar el tráfico, a todas luces mucho más interesante.
Una gala solidaria no era la idea que él tenía de trabajar, por muy loable que fuera la causa. Tampoco lo encontraba divertido. Ese tipo de actos estaban situados al final de la lista de sus obligaciones. Prefería mil veces enviar un cheque y obviar la parte supuestamente festiva.
Ya era demasiado tarde para lamentarse de no haberle preguntado, simplemente, qué planes tenía para el resto del día. Pero había algo en ella, en aquellos ojos azules… Parecía que estaba acostumbrada a que los hombres dieran vueltas a su alrededor con sólo mover un dedo. Pues bien, él estaba hecho de un material más duro, y quería hacérselo saber.
El taxi paró un poco más arriba de Tower Bridge. Los colores grana y oro de Claibourne & Farraday resaltaban más que nunca sobre los globos y las sudaderas, y una gran multitud se divertía ante la presencia de las cámaras de televisión.
– Ya hemos llegado, señor Macaulay.
– Llámame Niall, por favor -dijo.
No buscaba un trato más informal, pero todo un mes oyendo cómo ella lo llamaba «señor Macaulay» en ese tonito insolente sería todavía peor.
Niall se preguntó qué irían a hacer allí. Lo averiguó nada más bajarse del taxi y ver la bandera de C &F ondeando sobre una altísima grúa junto a un cartel que invitaba a los participantes a «saltar por la Alegría».
