Webb era un Tallant, de la rama de la familia de la Abuela; ella era su tía-abuela. Roanna sólo tenía siete años, pero conocía las relaciones de parentesco, habiéndolas absorbido prácticamente por la piel durante las horas que pasaba escuchando a los mayores hablar sobre la familia. La abuela había sido una Tallant hasta que se casó con el abuelo y se convirtió en una Davenport. El abuelo de Webb, que también se llamaba Webb, era el hermano preferido de la abuela. Lo había querido muchísimo, al igual que a su hijo, que había sido el padre de Webb. Ahora solo quedaba Webb, y también lo amaba muchísimo.

Webb sólo era primo segundo de Roanna, mientras que Jessie era su prima hermana, lo cual era un parentesco mucho más cercano. Roanna hubiese deseado que fuera al revés, ya que preferiría estar más emparentada con Webb que con Jessie. Primos segundos no eran más que primos lejanos, eso era lo que había dicho la tía Gloria una vez. El concepto había intrigado a Roanna, y en la última reunión familiar observó atentamente a todos sus familiares, para ver quien se acercaba a quien, y saber quien no era en realidad familia. Se imaginó que las personas a las cuales veía sólo una vez al año, en la reunión familiar, eran las que más besos de saludo se daban. Eso hacía que se sintiese mejor. Observaba a Webb todo el tiempo, y el no la besó, así que eran mas familia que primos lejanos.

– No seas ridícula-, dijo la Abuela, su voz cortó de raíz la disputa sobre quien cargaría con Roanna, y trajo bruscamente de vuelta la atención de Roanna a su furtiva escucha. -Tanto Jessie como Roanna son Davenport. Vivirán aquí, por supuesto.

¡Vivir en Davencourt! El terror y el alivio, a partes iguales, desalojaron la tristeza del pecho de Roanna. Alivio de saber que alguien la quería, y no tendría que ir al orfanato como le había dicho Jessie.



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