El terror provenía de la perspectiva de tener que estar para siempre bajo la autoridad de la Abuela. Roanna amaba a su Abuela, pero también le tenía algo de miedo, y sabía que jamás podría ser tan perfecta como la Abuela esperaba que fuese. Siempre se ensuciaba, o destrozaba su ropa, o se le caía algo y se rompía. La comida siempre se las arreglaba para escapar de su tenedor y caérsele en el regazo, y a veces no prestaba la debida atención cuando iba a coger la leche, y tiraba el vaso. Jessie decía que era torpe.

Roanna suspiró. Bajo la atenta mirada de la Abuela siempre se sentía torpe. Las únicas veces que no se sentía así era cuando estaba sobre su caballo. Bueno, se había caído de Thunderbolt, pero es que estaba acostumbrada a su pony y Thunderbolt era tan ancho que no fue capaz de agarrase bien con las piernas. Pero normalmente se mantenía pegada a la silla como una lapa, eso era lo que siempre decía Loyal, y él era quien cuidaba de todos los caballos de la Abuela, así que debería saberlo. Roanna amaba montar a caballo tanto como había amado a Mamá y Papá. Parecía como si de cintura para arriba estuviese volando, pero con sus piernas podía sentir la fuerza y los músculos del caballo, como si ella misma fuese igual de poderosa. Esa era una de las mejores cosas de ir a vivir con la abuela; podría cabalgar todos los días, y Loyal podría enseñarla a mantenerse sobre los caballos grandes.

Pero lo mejor de todo era que Webb y su madre también vivían aquí, y lo vería todos los días.

Repentinamente saltó del asiento de la ventana y corrió atravesando la casa, olvidando que llevaba puestos los zapatos de domingo de suela fina de cuero en vez de las zapatillas de deporte hasta que patinó sobre el suelo de madera y resbaló hasta casi chocar con una mesita. La severa regañina de la tía Gloria sonaba a sus espaldas, pero Roanna la ignoró mientras luchaba con la pesada puerta de entrada, usando toda la fuerza de su pequeño cuerpo hasta abrirla lo bastante para poder colarse a través de ella. Luego cruzó el césped a la carrera hacia donde estaban Webb y Jessie, sus rodillas alzando la falda de su vestido con cada zancada.



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