
Webb también había cambiado. Siempre había sido el primo favorito de Roanna, siempre dispuesto a tirarse al suelo y pelear con ella, o a ayudarla a aprender a sujetar el bate para poder golpear la pelota. Webb amaba a los caballos tanto como ella, y ocasionalmente lo podía convencer para que la acompañara a cabalgar. Pero se impacientaba al hacerlo, ya que ella sólo tenía permiso para montar su lento pony. De todas formas, últimamente, Webb no quería pasar demasiado tiempo con ella; estaba muy ocupado con otras cosas, decía, pero parecía tener mucho tiempo para pasarlo con Jessie. Fue por eso, por lo que intentó cabalgar con Thunderbolt aquella mañana de pascua, para demostrar a papá que era lo bastante mayor para tener un caballo de verdad.
Roanna observó como Webb y Jessie se sentaban en el columpio, con los dedos entrelazados. Webb había crecido mucho este último año; Jessie parecía muy pequeña sentada a su lado. El jugaba al fútbol y sus hombros eran el doble de anchos que los de Jessie. Había oído decir a una de sus tías que la Abuela sentía adoración por el muchacho. Webb y su madre, la tía Yvonne, vivían aquí en Davencourt con la abuela, porque el papá de Webb también estaba muerto.
