– Tonterías. Su familia real tiene una cuenta abierta con nosotros -India se encogió de hombros-. Pero eso da lo mismo. Si no vas a quedarte aquí para que el señor Gifford supervise tu trabajo, debe acompañarte a Saraminda.

– Ni hablar -Flora apartó un mechón de pelo rizado de su frente-. No tendría sentido. No sé nada sobre cómo dirigir Claibourne & Farraday, India. Me limito a diseñar de vez en cuando alguna colección de joyas…

India miró a su hermana sin ocultar su exasperación.

– Haces mucho más que eso -dijo-. No creo que entiendas lo importante que eres para nosotros. Nos traes nuevos diseños de joyas, nuevas telas que eliges en tus viajes y, antes de que te des cuenta, toda la tienda se ha inspirado. El año pasado fuiste a África y este verano todo el mundo va a llevar colores calientes con estampados de animales a juego con tus gargantillas y pulseras de oro. La competencia está haciendo esfuerzos sobrehumanos por ponerse al día. Y ya sabes lo que dicen sobre subirse al carro: «si no puedes verlo…

– … es que ya lo has perdido». Lo sé.

– Y el otoño y el invierno van a ser fabulosos. Joyas celtas de plata y platino sobre delicados verdes y malvas…

Flora sabía muy bien cuándo le estaban dorando la píldora.

– India…

– Ya es suficiente. No protestaste en su momento y, teniendo en cuenta que eres una de las directoras de la compañía, un mes de tu vida no es para tanto.

– Yo no elegí serlo. No soy una mujer de negocios -se había visto obligada a aceptar para mostrar solidaridad contra los Farraday-. En realidad no tengo tiempo para…

– Prometo no pedirte que hagas nada más por mí una vez que esta tontería de los Farraday quede resuelta, pero ahora mismo necesito que te comprometas. No el mes que viene ni el próximo año. Ahora. Debemos mostramos unidas frente a su intento de hacerse con el control. No me pongas las cosas difíciles, por favor.



5 из 115