– Después de eso habrá una auténtica carrera por ver quién tiene el primer hijo varón Claibourne o Farraday, de manera que la próxima generación pueda volver a pasar por esto dentro de treinta años -dijo Flora. Presentado de aquel modo, tal vez tenía el deber de ayudar a acabar con aquella estupidez.

Su hermana se encogió de hombros.

– Como mujeres, creo que podemos tener cierta ventaja en eso.

Flora lo dudaba. Sospechaba que Bram Gifford no tendría ninguna dificultad en conseguir «voluntarias» si se lo propusiera.

– Entre tanto -continuó India-, tengo que basar el caso en el terreno de la igualdad en el lugar de trabajo, lo cual significa que debo demostrar que soy tan capaz como Jordan Farraday.

– Pues demuéstralo. Anuncia tus deslumbrantes planes para la completa renovación de Claibourne & Farraday. Sin duda, ése sería el modo más rápido de demostrar tu capacidad.

– Hay un problema con eso -Flora esperó a que su hermana continuara-. No puedo anunciar mis planes ahora mismo porque incluyen retirar el apellido Farraday del nombre de la empresa.

– ¿Qué?

– Voy a relanzarla como «Claibourne's». Un nombre moderno y sonoro en lugar de dos.

– ¡Vaya! Preferiría que no me lo hubieras dicho -dijo Flora en tono enfático. No era buena con los secretos. Al menos, con aquella clase de secretos. Ya había empleado en uno solo toda su capacidad para guardarlos-. Eso sería como…

– ¿Agitar un trapo rojo ante un toro?

– Más o menos.

– Precisamente por eso necesito que mantengas ocupado a Bram Gifford durante el próximo mes. Trata de deslumbrarlo con uno de tus destellos de genialidad; demuéstrale lo imprescindible que eres para el éxito de la tienda. No espero que se ponga de nuestro lado, pero si al menos pudiéramos neutralizarlo…

– No estarás sugiriendo que lo neutralice como Romana neutralizó a Niall, ¿verdad? -preguntó Flora-. Porque ya puedes ir…



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