Los músculos de las mandíbulas de Liska se contrajeron como si estuviera tragando algo desagradable.

– Su idea de reforzar los vínculos entre las comunidades y sus departamentos de policía a través del programa e Internet me parece una innovación excelente -prosiguió.

Wyatt se regodeó en el elogio.

– América es una cultura multimedia -proclamó en voz alta mientras la reportera de televisión, una morena ataviada con una llamativa americana roja, se acercaba micrófono en mano.

Wyatt se volvió hacia la cámara y se inclinó hacia la mujer para oír su pregunta.

Kovac miró a Liska con expresión desaprobadora.

– ¿Qué pasa? A lo mejor me da trabajo como asesora técnica. Se me daría muy bien -se defendió su compañera con una sonrisita traviesa-. Podría ser mi trampolín para salir en películas de Mel Gibson.

– Me voy a mear.

Kovac se abrió paso entre la muchedumbre que había acudido a gorrear el alcohol pagado por Ace Wyatt y a engullir alitas de pollo picantes con tacos de queso rebozado. La mitad de los asistentes ni siquiera conocían a Wyatt ni, por descontado, habían trabajado con él, pero tenían mucho gusto en celebrar su jubilación. Habrían celebrado con el mismo gusto el cumpleaños del diablo si con ello pudieran disfrutar de barra libre.

Paseó la mirada por el fondo del establecimiento, donde los adornos navideños que reflejaban la cegadora luz de los focos surtían un efecto surrealista. Era un mar de personas, muchas de las cuales le sonaban, pero pese a ello se sentía tremendamente solo. Vacío. Había llegado el momento de pillar una cogorza de mil pares de narices o irse a casa.

Liska revoloteaba en las inmediaciones del séquito de Wyatt, intentando congraciarse con el sirviente principal. Wyatt se había alejado un poco para saludar a una rubia atractiva y de expresión seria que le resultaba vagamente familiar. El capitán le había apoyado una mano en el hombro y se inclinaba hacia ella para decirle algo al oído. Elwood intentaba acabar él sólito con el bufet libre. Tippen se esforzaba por ligarse a una camarera que lo miraba como si acabara de pisar algo muy desagradable.



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