
– Lo siento, lo siento -farfulló el anciano una y otra vez, cubriéndose el rostro con ambas manos.
Los mocos le colgaban como una goma elástica entre la nariz y el labio superior, y se había mojado los pantalones.
Por el rabillo del ojo, Kovac advirtió que los periodistas se aproximaban como buitres.
– Lo llevaré a casa -aseguró Kovac a Wyatt mientras se incorporaba.
Wyatt miraba con fijeza a Mike Fallon.
– Gracias, Sam -murmuró-. Eres un buen hombre.
– Soy un capullo, pero no tengo nada mejor que hacer.
La rubia había desaparecido, pero la morena de la tele volvió a situarse junto a Wyatt.
– ¿Es Mike Fallon? ¿El agente Fallon, del asesinato de Thorne en los setenta?
El paniaguado de cabello negro se materializó junto a ella y la apartó mientras le susurraba algo muy serio al oído.
Wyatt recobró la compostura y se volvió para alejar a los reporteros con expresión desaprobadora.
– Solo ha sido un pequeño accidente, amigos. Que siga la fiesta.
Kovac observó al hombre que sollozaba en la silla de ruedas.
Que siga la fiesta.
Capítulo 2
– Para eso he contratado a una canguro esta noche -suspiró Liska-, para poder llevar a un borracho a casa. Con la de veces que tuve que hacerlo cuando iba de uniforme.
– Deja de quejarte -replicó Kovac-. Podrías haber dicho que no, compañera.
– Ya, y quedar fatal delante del Señor Servicio a la Comunidad. En fin, espero que al menos se haya fijado en mi espíritu de sacrificio y recuerde que le pedí discretamente trabajo en su programa -dijo Liska en broma.
– Pues a mí me pareció que lo que hacías era pedirle otra cosa a su esclavo.
Liska le golpeó el brazo, intentando no echarse a reír.
– Pero ¿qué dices? ¿Por quién me has tomado?
– ¿Por quién iba a tomarte él? He ahí la cuestión.
