y emitida directamente por satélite; hizo que el sistema de telefonía móvil no funcionara bien y convirtió en inútil al sistema GPS; atascó internet, convirtió en obsoleta gran parte de la tecnología militar más sofisticada y moderna, redujo la vigilancia global y las operaciones de reconocimiento, y obligó a los hombres del tiempo a dibujar isóbaras sobre mapas de los Estados Unidos en vez de usar proyecciones creadas por ordenador a partir de imágenes de satélites meteorológicos. Los repetidos intentos por contactar con la Estación Espacial Internacional fracasaron uno tras otro. Los lanzamientos comerciales programados desde Cañaveral (y Baikonur, y Kourou) fueron postergados indefinidamente.

Significaba, a largo plazo, malísimas noticias para GE Americom, AT T, COMSAT y Hughes Communications entre muchas otras compañías.

Y si ocurrieron cosas terribles a consecuencia de aquella noche, aunque la mayoría de ellas quedaron oscurecidas por los apagones informativos. Las noticias viajaban como susurros, apretadas en el interior de cables de fibra óptica transatlánticos en vez de rebotar por el espacio orbital; pasó casi una semana antes de que supiéramos que un misil paquistaní Hatf V equipado con una ojiva nuclear, lanzado por error o por mal cálculo en los confusos primeros momentos del Suceso, se había desviado de su rumbo y había vaporizado un valle agrícola del Hindú Kush. Era el primer artefacto nuclear que detonaba en acción bélica desde 1945, y por trágico que fuera el acontecimiento, dado el nivel de paranoia engendrado por la pérdida de las telecomunicaciones, tuvimos suerte de que sólo ocurriera una vez. Según algunos informes casi perdimos Teherán, Tel Aviv y Pyongyang.


Confortado por el amanecer, dormí hasta mediodía. Cuando me levanté y vestí, encontré a mi madre en la sala de estar, todavía en su bata acolchada, mirando la televisión con el ceño fruncido. Cuando le pregunté si había desayunado, me dijo que no. Así que preparé un almuerzo para los dos.



19 из 483