
—Tenemos que salir a ver el cielo.
—No —dijo Diane al instante—. Ahí fuera hace frío.
—Pero está despejado. Es la primera noche despejada de esta semana. Y sólo hace un poco de fresco.
—Esta mañana había hielo en el césped.
—Escarcha —contraatacó Jason.
—Es más de medianoche.
—Es viernes por la noche.
—Se supone que no podemos salir del sótano.
—Se supone que no debemos perturbar la fiesta. Nadie dijo nada acerca de salir al exterior. Nadie nos verá, si lo que pasa es que tienes miedo de que nos pillen.
—No tengo miedo de que nos pillen.
—Y entonces, ¿de qué tienes miedo?
—De que se me congelen los pies mientras te escucho parlotear.
Jason se volvió hacia mí.
—¿Y tú qué, Tyler? ¿Quieres venir a ver el cielo?
Para mi pesar, los gemelos a menudo me pedían que arbitrara sus discusiones. Era una posición en la que saldría perdiendo hiciera lo que hiciera. Si me alineaba con Jason, me pondría en contra de Diane; pero si me ponía de parte de Diane demasiado a menudo, entonces parecería… bueno, parecería obvio. Así que le dije:
—Pues no sé, Jase, fuera hace bastante frío…
Fue Diane la que me permitió salirme de la trampa. Me puso una mano en el hombro y me dijo:
—No te preocupes. Supongo que un poco de aire fresco será mejor que tener que escuchar sus quejas.
Así que cogimos nuestras chaquetas del pasillo del sótano y salimos por la puerta de atrás.
La Gran Casa no era tan grandiosa como implicaba el nombre que le habíamos puesto, pero era más grande que el hogar medio en este barrio de clase media-alta y tenía una parcela de terreno mayor que las demás. Una gran extensión ondulante de césped bien cuidado daba a un grupo de pinos silvestres que bordeaban un arroyo algo contaminado. Jason escogió un lugar para mirar las estrellas a medio camino entre la casa y el pinar.
