– ¿Qué demonios está haciendo aquí? -le preguntó él ante el pasmo de ella.

– ¿Acaso lo conozco? -respondió Taryn con cierta aspereza.

Sin embargo, nada más preguntarlo tuvo una leve inspiración. Él iba vestido con una camisa y un pantalón de algodón y quizá por eso había tardado en darse cuenta, pero, efectivamente, lo había visto antes, en el ascensor de la oficina.

Era el hombre con quien había sido tan grosera. Le había preguntado qué hacía allí, pero ¿qué estaba haciendo él allí?

Capítulo 2

Si bien había tardado un minuto en reconocerlo, él, al parecer, la había reconocido sólo con ver su cara.

– No esperamos visitas -le comunicó ella incisivamente.

– ¿No las esperáis?

Fue evidente que a él no le gustó que se hubiera atribuido el papel de perro guardián y, sin esperar que ella contestara, se dirigió hacia la puerta de la casa.

– ¿Quién es usted? -le preguntó ella a su espalda.

– ¿Debo suponer que eres la incomparable Taryn que rebosa por las líneas telefónicas que van de aquí a Nueva York?

Ella se quedó con los ojos como platos.

– ¿Conoce…?

Taryn se calló. La hija del señor Compton vivía en Nueva York.

– Soy Jake Nash. ¿Tú eres el ama de llaves temporal de mi tío abuelo que aspira a ser la definitiva?

– Pienso marcharme en cuanto la señora Ellington pueda volver -contestó ella con frialdad-. El señor Compton está echando la siesta. Si quiere, puede acompañarme a la cocina y le haré una taza de té.

Él pareció dudar, como si estuviera a punto de preguntarle quién se creía que era para darle órdenes a alguien de la familia de su jefe. Sin embargo, se apartó un poco para que ella pasara delante.

– Es una buena idea -concedió.

Él conocía el camino a la cocina y, en cuanto llegaron, Taryn comprendió por qué le había parecido una buena idea. Apoyó su cuerpo alto y delgado contra una encimera y empezó a bombardearla con preguntas.



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