
Taryn lo miró con asombro. Cualquiera que supiera algo de ingeniería conocía a Nash Corporation. No sólo se dedicaban a la ingeniería, también eran famosos en el mundo de la electrónica y la aviación, por mencionar algunos campos. ¡Jake Nash era el mandamás de esa empresa!
– No sabía que fuera ese Nash -replicó ella con una sonrisa.
Eso no cambiaba su opinión de Jake, pero seguía sin querer que el señor Compton supiera su aversión por su sobrino nieto.
– Le va bien -comentó él, y eso era decir poco por qué le daba mil vueltas a Mellor Engineering-. Por cierto, a Jake le ha gustado tu pastel.
– ¿De verdad? -le preguntó ella con una sonrisa sincera.
– Dijo que si eres la mitad de buena secretaria que cocinera, se pelearán por ti cuando vuelvas a buscar trabajo.
– He pensado cenar una ensalada de pollo -comentó ella para cambiar de tema.
– ¿También vas a hacer esa ensalada especial de patatas que hiciste el otro día? -le preguntó él con deleite.
Durante los días siguientes, Taryn recuperó el equilibrio. Aunque se ocupaba de todas las tareas domésticas, Osgood Compton la trataba como si fuera una invitada.
Habían comido juntos y el señor Compton se había ido a echarse la siesta. Ella estaba en la cocina preparando unas verduras para la cena cuando se abrió la puerta y apareció Jake Nash.
– ¿Dónde… ha dejado… el coche? -balbució ella mientras miraba por la ventana.
– He venido andando desde la carretera. No quería molestar a mi tío.
Ella no se creyó esa excusa y, más bien, decidió que había ido a verla. Notó que la hostilidad volvió a alterarle la tranquilidad.
– ¿Ha venido a comprobar que no me he escapado con la plata de la familia?
Él le respondió con una sonrisa tan encantadora que ella estuvo a punto de olvidarse de que lo detestaba.
– Hemos empezado con mal pie -replicó él mientras alargaba la mano.
