
A Taryn le pareció muy natural, pero se quedó atónita al darse cuenta de que empezaba a interesarle, aunque acabara trabajando con ese hombre que le disgustaba. Se dijo firmemente que no quería trabajar para él. Sin embargo, también era verdad, como había dicho, que toda la experiencia que acumulara con él sería muy valiosa para cuando volviera a buscar otro trabajo.
– ¿Cuándo querría que empezara?
– No corras, Taryn. No te he ofrecido el trabajo.
Ella se puso roja como un tomate. Nunca lo había pasado peor.
– Perdone -replicó ella con frialdad-. Pensé que…
– Lo siento -se disculpó con una sonrisa-. No estoy acostumbrado a hacer estas entrevistas. Normalmente, la habría hecho recursos humanos, pero no quiero que participen por el momento. Tampoco le he dicho a Kate que estoy buscando a alguien que trabaje con ella para que se quede cuando esté de baja. Kate ya se ha llevado varios chascos y había empezado a pensar que no tendría un hijo. Como está pasándolo tan mal y sigue teniendo miedo de que algo pueda estropearse, me ha pedido que no le diga a nadie cuál es su estado.
– ¿No sabe que está buscando a alguien para que le quite trabajo? -a Taryn le preocupó-. ¿No le importará?
– Espero que, cuando se haga a la idea, lo acepte encantada. Como tú querías volver a ser secretaria, había pensado en tantear qué te parecía trabajar para mí y luego pedirte que te incorporaras a la primera ocasión que se presentara. Kate puede explicarte el trabajo y juzgar si cree que puedes hacerlo eficazmente.
– ¿Usted tomará la última decisión?
– Efectivamente. Te llamaré la semana que viene, cuando hayas tenido tiempo de pensártelo.
Él se levantó al ver que su tío abuelo entraba en la cocina.
– ¡Jake! -exclamó él con alegría-. No he visto ni he oído tu coche.
