
Esa noche, cuando estaba sirviendo la cena, se notó nerviosa de que Jake Nash no la hubiera llamado todavía. Si no la llamaba pronto, no la encontraría allí. Lo cual quizá explicara por qué no estuvo muy simpática cuando sonó el teléfono esa noche. Osgood Compton, que ya había hablado con su hija y no esperaba más llamadas, estaba en el garaje repasando el motor de uno de sus coches antiguos.
– ¿Dígame? -preguntó ella sin disimular su impaciencia.
– Soy Jake Nash. ¿Has tenido tiempo de pensar en nuestra conversación? -le preguntó él sin rodeos ni saludarla.
– Me gustaría conocer a Kate Lambert.
Él no dijo nada y eso hizo pensar a Taryn que seguía teniendo alguna oportunidad.
– ¿Ha dicho la señora Ellington cuándo va a volver?
– El jueves por la mañana.
Taryn empezó a comprender que Jake Nash no podía perder ni un segundo.
– Kate te recibirá el viernes a las once y media.
Jake Nash colgó como si no hubiera discusión posible.
Taryn se quedó un rato algo más que indignada y con ganas de decirle lo que podía hacer con tanta resolución, pero cuando se tranquilizó comprendió que seguía queriendo ese trabajo.
La señora Ellington llegó el jueves por la mañana, como había prometido. Taryn preparó la comida y se alegró de ceder las riendas de lo que, al fin y al cabo, debería haber sido un trabajo de dos semanas. Se despidió cariñosamente de Osgood Compton y salió de su apacible casa.
Que su casa distara mucho de ser apacible le recordó que tenía que encontrar algún sitio donde vivir.
– Menos mal que has vuelto -fue el saludo de su madrastra.
Taryn comprendió que el ama de llaves no había aguantado mucho.
