– ¿Qué te parece? ¿Te he quitado las ganas? -le preguntó Kate.

– ¡En absoluto! Me parece el tipo de trabajo que me encantaría hacer.

– ¿Sabes que sólo durará un año aproximadamente?

– Sí. Hasta que vuelvas después de tener a tu hijo.

– Muy bien -eso hizo que Taryn pensara que iba a recomendarla-. Iré a comprobar si el señor Nash puede recibirte.

Taryn comprendió que si pensara que no era apta para el puesto, le habría dado alguna excusa, como que ya la llamarían, y la habría despachado. Sólo le quedaba esperar que la entrevista con Jake Nash saliera igual de bien.

– El señor Nash dice que te recibirá dentro de cinco minutos -le comunicó Kate después de colgar el teléfono-. ¿Quieres preguntarme algo más?

Ella le contestó que creía que lo habían comentado todo muy minuciosamente y Kate tuvo que atender una llamada. Taryn se quedó a solas con los nervios. Pronto estaría con un hombre que hasta el momento sólo había visto la peor parte de ella. Sin embargo, esa vez, si quería ese puesto que anhelaba, tendría que contener esos impulsos para deslumbrarlo.

Se abrió la puerta y apareció Jake Nash; alto, moreno y con traje, tal como lo recordaba.

– Siento haberte hecho esperar -se disculpó amablemente-. Pasa, Taryn.

Taryn se levantó y el corazón le dio un ligero vuelco. Entró en el despacho. Era espacioso y luminoso y tenía dos puertas; supuso que una daría al pasillo y la otra a un cuarto de baño o algo parecido. Al fondo de la habitación había un sofá con dos butacas a los lados, pero Jake Nash le señaló una silla de respaldo alto que había junto a la mesa.

– Siéntate -se sentó al otro lado de la mesa-. ¿Te ha explicado Kate lo que quiero?

– Parece muy interesante.

Taryn se dio cuenta de que tenía unos ojos muy bonitos y de que su boca no estaba nada mal. Pero, ¿en qué estaba pensando…?



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