
– ¿Y a ti qué te parece?
Taryn volvió a sentirse desquiciada. Si estaba allí, él debería haber comprendido que estaba interesada.
– Creo que puedo hacer el trabajo.
– ¿Te das cuenta de que parte del trabajo es confidencial? -preguntó él.
– Creo que a una secretaria de dirección se le supone la confidencialidad.
Jake Nash no pareció impresionado y ella habría dado cualquier cosa por saber qué se ocultaba detrás de esa fachada tan fría.
– Naturalmente, podrás darme referencias.
– Yo… -Taryn vaciló.
– No pareces muy segura.
Jake no se anduvo con rodeos y ella volvió a sentir antipatía por él.
– No es que…
Se sentía incómoda por tener que pedir referencias a Brian Mellor, aunque estaba segura de que le daría unas muy buenas.
– Sólo he tenido un puesto fijo -siguió ella con toda la tranquilidad que pudo.
– Y lo dejaste bastante precipitadamente -afirmó él sin una sonrisa o un gesto de ánimo-. ¿Por qué?
Taryn hizo un esfuerzo por contener la indignación que le había producido su tono cortante. Si él quería confidencialidad, ¿por qué no se la concedía a ella?
– Es algo confidencial -replicó Taryn tajantemente.
– Acepto la confidencialidad en asuntos de trabajo, pero tu motivo para marcharte fue personal.
– ¿De dónde ha sacado eso? -preguntó ella airadamente.
– ¡Me parece evidente! -contestó él-. ¿Por qué discutisteis Brian Mellor y tú?
– ¡No discutimos!
Taryn se dio cuenta de que el trabajo que tanto anhelaba se alejaba de ella, pero no pudo hacer nada por impedirlo.
– Vamos… -Jake pareció impaciente-. ¿Estuviste dos años con él y te marchaste de un día para otro? Según tú, no te despidió, de modo que tuvo que ser algo personal.
– ¡No me despidió! -insistió ella con acaloramiento.
– Entonces, ¿por qué te fuiste sin darle por lo menos un mes antes de dimitir?
