– Un momento, por favor -Taryn tapó el auricular y se dirigió a Kate-. Louise Taylor…

– Ésa es nueva… Será mejor que se lo preguntes a él.

Taryn había llamado a Jake por la línea interna.

– Louise Taylor pregunta por ti.

– Pásamela -le había pedido él-. ¡Louise!

Ella había oído el afectuoso saludo antes de cortar su línea.

Taryn salió del ascensor y pensó que, efectivamente, había aprendido mucho durare ese mes. Le asombraba la cantidad de trabajo que hacía Kate, pero también le alegraba pensar que estaba empezando a ser una ayuda para ella. Por una vez, Kate no había llegado todavía.

– Buenos días, Taryn.

Jake apareció por la puerta que comunicaba los despachos y la miró de arriba abajo. Él habría trazado una línea que le impedía quedar con sus empleadas, pero Taryn notó que esa mirada era de beneplácito.

– Ha llamado Kate. Ha pasado un fin de semana espantoso y le he dicho que no venga hoy. ¿Podrás apañarte?

– Sin problemas -contestó Taryn con una despreocupación que no sentía.

Así empezó un día como no había conocido otro. La mañana pasó volando. Emprendió todo lo que se le presentó con la sensación de que era para primera hora, hasta que miró el reloj y comprobó que era la una menos cuarto.

A la una y veinte se tomó un respiro y fue a la cafetería del personal, donde compró un sándwich para comérselo delante del ordenador. Estaba volviendo al despacho cuando se tropezó con Robin Cooper, un director que le había propuesto salir con él.

– Vaya, hoy me siento afortunado -dijo él mientras la acompañaba-, como si fuera posible que aceptaras una invitación a salir conmigo.

– Eres tenaz -Taryn se rió-. Lo reconozco.

– Eso es una forma de aceptar, ¿verdad? -preguntó él con una sonrisa.

Era un tipo divertido y Taryn seguía sonriendo cuando llegaron a la puerta de su despacho.

– Es posible que hoy no seas tan afortunado después de todo.



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