– ¡No tienes corazón, Taryn! -exclamó él cuando ella abrió la puerta.

– Lo sé -contestó ella antes de entrar y cerrar la puerta.

– ¿Quién era? -preguntó una voz.

Ella había creído que Jake se había marchado, pero la puerta que comunicaba los dos despachos estaba abierta y eso indicaba que había ido a buscarla.

– ¿Quieres algo? -le preguntó ella.

– Robin Cooper -afirmó él, que seguía a lo suyo.

– El mismo.

– ¿No tienes corazón porque no quieres salir con él? -preguntó Jake.

– Hay muchos días en la semana -contestó ella con desenfado.

– ¿Quieres decir que tienes una fila de admiradores que espera salir contigo?

– Algunas noches tengo que quedarme para lavarme el pelo…

Vio que él fruncía los labios y el ceño, como si no le gustara mucho que su segunda secretaria personal tuviera una vida social tan intensa. Una tontería, naturalmente. No era de su incumbencia lo que ella hiciera cuando no estaba trabajando.

– Hoy quería hablar contigo sobre tu trabajo.

A ella se le cayó el alma a los pies. ¿Estaría descontento? ¿Iría a despedirla?

– ¿He hecho algo mal? -preguntó con la esperanza de que no se le notara el terror.

– Ni mucho menos. Entra y siéntate.

Taryn obedeció, pero cuando se sentó, seguía insegura.

– La cuestión es que Kate esperaba que con el tiempo, a medida que el cuerpo fuera adaptándose al embarazo, se sentiría mejor. Pero ya ha pasado mucho tiempo.

– Trabaja mucho -replicó Taryn inmediatamente-. Kate…

– No hace falta que salgas en su defensa -la interrumpió Jake con una sonrisa-. Sé muy bien los esfuerzos que hace. Finge que está en plena forma, pero está agotada -hizo una pausa-. Ahí es donde entras tú.

– Sabes que haré cualquier cosa para ayudarla.

– Perfecto. ¿Qué tal te has apañado hoy tú sola?

– He estado muy ocupada, como era de esperar.



32 из 109