
– Lo mismo te digo, cariño.
Taryn seguía sintiendo una leve aversión por Jake cuando volvió a su despacho.
– Parece que Matt está muy metido en tu casa…
Si él no lo hubiera dicho con tono ofensivo y sí ella no hubiera estado tan furiosa con él por reprocharle una llamada personal cuando había trabajado como una mula durante toda la semana, le habría dicho que era su primo.
– Efectivamente -replicó ella lacónica y arrogantemente.
A él no le gustó el tono.
– ¿Sabe tu padre que Matt está casado? -le preguntó él con toda su mala idea.
Taryn nunca había tenido ganas de pegar a nadie, pero estuvo a punto de hacerlo en ese momento. Jake no podía saber si Matt estaba casado o no y había insinuado despreciablemente que a ella sólo le interesaban los hombres casados. Se sintió muy ofendida, pero se contuvo.
– ¡Claro! -replicó con calma-. Si no me equivoco, mi padre conoce a la mujer de Matt.
Esa noche salió tarde de la oficina. A su madrastra no le hizo ninguna gracia que empezara a prepararse para salir nada más llegar, pero el placer de volver a ver a Matt lo compensaba con creces.
– ¿Vas a quedarte mucho tiempo? -le preguntó su padre a Matt.
Le caía muy bien el hijo de su hermana; parecía como si fuera el hijo que le habría gustado tener.
– Un mes o dos.
Matt se quedó un rato charlando y luego prometió volver el domingo.
– Ven a comer y trae a tu madre.
Horace Webster estaba tan alejado de las cuestiones domésticas que no se le ocurrió quién iba a cocinar.
Unos minutos después, Matt sugirió que sería mejor que se fueran para no llegar tarde a la hora de la reserva.
– ¿Qué tal te va la vida amorosa? -le preguntó Matt a Taryn en el coche.
– ¿Quién tiene tiempo para una vida amorosa?
– ¿Sigues prendada de Brian Mellor?
Taryn se quedó pasmada y se volvió para mirarlo.
